¿Escritor en extinción?

Relacionando esta entrada con la anterior, hoy hablaré sobre los escritores. Lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en la palabra escritor es ‘aquel que escribe’, como bien indica el término en sí. De hecho, si consultamos el Diccionario de la Real Academia Española la primera acepción de la entrada escritor que nos aparece es la siguiente: Persona que escribe. En efecto, como habíamos pensado en una primera instancia, un escritor es una persona que escribe. Sin embargo, en esta definición a mí personalmente me falta algo por añadir. Si continuamos con nuestra consulta en el DRAE, nos aparece la siguiente acepción: Autor de obras escritas o impresas. Esta definición ya nos puede ir aclarando más el término escritor porque ¿qué es un autor si no un creador de cosas? En este caso tendríamos delante a un creador, un inventor, de textos escritos, de esas obras escritas en las que pensamos cuando hablamos de un escritor. Por eso mismo relacionamos estas dos palabras y las tratamos como si fueran sinónimos ya que decimos igualmente que alguien es el escritor de una obra o es el autor de una obra.

También es frecuente el hecho de que asociemos la palabra escritor a la persona que escribe solamente literatura, pero no es este el caso. Podemos encontrar escritores de textos de todo tipo, desde ensayos científicos hasta documentos jurídicos, pasando por artículos periodísticos. Si hacemos otra consulta, esta vez a nuestro querido buscador Google, vemos que el primer resultado que nos ofrece es el de una página a la que todos hemos consultado más de una vez en nuestra vida, Wikipedia. Aquí vemos que se recoge la siguiente definición: Un escritor es una persona que utiliza palabras escritas en varios estilos y técnicas para comunicar ideas. Los escritores producen diversas formas de arte literario y escritura creativa tales como novelas, cuentos, poesía, obras de teatro, artículos periodísticos, guiones, o ensayos. Efectivamente nos pone de relieve que el escritor no solo es aquel que escribe obras literarias, sino que transciende más allá de la literatura. Y de esta última definición, querría destacar esa parte que dice que un escritor comunica ideas.

No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en que se digan.

Jean Paul Sartre

Centrándome en la figura del escritor literario, como expresa la cita anterior, para mí un buen escritor es aquel que no solamente sabe escribir correctamente sino que, sobre todo, sabe transmitir un mensaje a sus lectores. Es aquel que sabe transportar sus sentimientos y pensamientos a aquellas personas a las que se dirige, sabiendo la forma con la que tiene que expresarlos. En un mundo idílico, un escritor debería ser aquel que transmite esa magia y expresividad que hace al lector emocionarse con sus palabras. Porque, de verdad, ¡qué bonito es escribir y qué difícil es! Cuestión que comentaba en mi entrada anterior (Escribir es vivir).

De la anterior cita, querría mostrar esta otra, que me llamó mucho la atención cuando la leí por primera vez:

 La profesión de escritor hace que las carreras de caballos parezcan un negocio estable.

John Steinbeck

Aunque el anterior escritor estadounidense, John Steinbeck, falleciera en el año 1968, creo que su cita va al dedillo de la situación actual de muchos escritores. El mundo de los escritores, a mi parecer, está entrando en decadencia poco a poco. Estamos en el siglo XXI, en la época de las llamadas TIC (Tecnologías de la información y comunicación) y de todo lo que ellas conllevan. Todo esto afecta indirecta y directamente al mundo que rodea al escritor. ¿Cuánta gente se considera realmente lectora de literatura? ¿Cuántos libros se descargan diariamente en formato digital? ¿Y cuántos se compran en formato impreso? Está claro que estamos en una etapa de recesión y de la famosa crisis, pero casi nadie (me incluyo) somos conscientes de todas las personas que están detrás de ese libro descargado y de las consecuencias que conlleva. Si hablamos, por ejemplo, del mundo de la música y del cine, aunque hay millones de descargas ilegales al día, siguen quedando los conciertos y los estrenos para los artistas. Algo es algo. Pero, ¿qué le queda a un autor si su libro es descargado gratuitamente?

De todas formas, un escritor tiene muchas ventajas con las nuevas tecnologías. Ya no hablo solo del gran cambio que conllevó la sustitución de la escritura a mano por la escritura a máquina y, posteriormente, por los ordenadores, sino de todas las funciones que se pueden encontrar dentro de ellos. Con Internet los escritores pueden encontrar grandísimas ventajas. Concretamente, con las redes sociales pueden estar más cerca que nunca de sus lectores: pueden saber lo que les ha gustado de sus anteriores obras y lo que no, pueden saber los temas más interesantes para ellos, pueden hablar directamente con ellos, etc. Aunque un escritor no disponga de redes sociales, simplemente con la creación de un blog o de una página web, puede conseguir que los lectores nos acerquemos y nos interesemos más por sus libros. En estos sitios webs, por ejemplo, cada autor puede publicar lo que se llama booktrailer (avance del libro que se va a publicar), para así llamar la atención de sus lectores y hacer que tengan más ganas de leer ese libro y no otro. Además, podemos disfrutar de sus obras en varios soportes, tanto en soporte electrónico como en impreso y contemplar las diferencias entre uno y otro. E incluso navegando por la red podemos acceder a varias páginas donde podemos comprar libros por Internet, ya no solo en formato digital, sino también impresos, con la comodidad de que te traigan el libro a casa.

El ´creador´ y el ´editor´ -las dos mitades de todo escritor- deben dormir en piezas separadas.

 Judith Guest

Relacionando todo lo expuesto hasta ahora, me gustaría plantear otro problema que acomete a casi todos los escritores, por no decir efectivamente a todos. El dilema que tienen que hacer frente a la hora de publicar sus obras. Y es que la mayoría de los escritores al intentar publicar su primera obra, se tropiezan con un gran muro que nos les deja avanzar: no encontrar ninguna editorial. Como comenta el escritor Rafael Chirbes en ‘El escritor y el editor’, inscrito dentro del libro El escritor en la sociedad de la comunicación, pocas editoriales se arriesgan a publicar obras de jóvenes escritores, teniendo la posibilidad de no tener beneficios. No se podría generalizar ya que, efectivamente, algunas editoriales solo miran su margen de beneficios, pero otras sí que aprecian y dan más importancia a la calidad que a la cantidad. En el capítulo nombrado anteriormente de Rafael Chirbes aparece el siguiente fragmento: Publicar al amparo de una editorial como Anagrama, donde el catálogo conforma los jalones de la biografía de Herralde, le permite al escritor disfrutar de la libertad, condición de privilegio del editor independiente y de un autor cuyo único escalafón es la calidad, no las ventas. Por tanto, como vemos, un ejemplo de esa editorial que da importancia a la calidad de los textos que publica, sería Anagrama. También si relacionamos lo dicho aquí con la cita anterior (Judith Guest), se ve que es muy importante la relación entre editor y escritor. Un editor puede dar consejos a un escritor para que modifique su obra pero dentro de lo que quiere su autor, es decir, un escritor debería tener la plena libertad de escribir cuando él quisiera, sin fechas límites, y de lo que él quisiera, sin temas impuestos simplemente para recaudar más o menos dinero.

Podemos también relacionar estos dos problemas expuestos, las TIC y encontrar una editorial. Sin ir más lejos, en Internet existen distintas páginas web donde los escritores emprendedores pueden publicar sus obras o simplemente algún texto o capítulo suelto. En ellas, algunas totalmente gratuitas y otras de pago, los escritores envían sus creaciones con la posibilidad de que los cibernautas puedan verlas, compartirlas y comprarlas. Además también podemos encontrar el llamado crowfunding, denominado como micromecenazgo en español, donde, como bien indica su nombre, las personas emprendedoras pueden encontrar mecenas, es decir, personas que les dan apoyo y los patrocinan. Por tanto, los escritores tienen la oportunidad de autoeditarse y de superar ese bache como es la publicación mediante las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías.

Como conclusión a esta entrada, me gustaría resaltar la difícil labor que siempre ha tenido un escritor a la hora de componer sus obras y darlas a conocer con el fin de agradar a ese público al que se dirige. Y, lamentablemente, esa dificultad, se va incrementando con el paso del tiempo ya que cada escritor se tiene que ir reinventando para que no se pierdan esas bonitas costumbres como son el leer y el escribir. Todo autor es su obra; todo autor es recordado si su obra es recordada; todo autor se desvanece cuando su obra se difumina en el abismo del olvido.

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